
Siempre que visito un lugar, ya sea próximo o lejano, intento hacerlo con mentalidad abierta de viajero, nunca de turista. Esto es para mi, una de las dos condiciones básicas para llegar a conocer, aunque de manera incipiente, el sitio donde te encuentras. La otra es hacerlo solo. El grupo, aunque se trate de un acompañante, te aisla del objetivo fundamental de todo viaje que es entablar conversación con los autóctonos del país; la relación con ellos compensa siempre, con creces, la aparente soledad en que te encuentras. Con estas dos premisas como bagaje en una de mis dos maletas ( por suerte la no perdida por Iberia y todavía no localizada) llegué el 1 de febrero al aeropuerto Carrasco de Montevideo.


